
18 de abril de 2025. Amanece poco antes de las seis. Anoche, cuando nos echamos a dormir, hacía una noche de perros: llovía y había un viento muy fuerte. Hoy, por suerte, parece que la cosa va a ser muy distinta.
Estoy despierto desde hace poco tras un sueño reparador. A pesar de estar en pleno centro histórico, la zona donde está nuestro hotel es muy tranquila. Reviso algunas cosas en el móvil y me calzo las zapatillas de correr. Salir a correr cuando apenas ha amanecido es un placer, al menos para mí; más si es un sitio prácticamente desconocido.
La ciudad antigua —stari grad en bosnio— aún duerme. Antes de dar las primeras zancadas no puedo evitar hacer una o dos fotografías del bezistan de Gazi Husrev-beg, sin gente lo tengo todo para mí. Bajo al río Miljacka y la cosa cambia un poco. Hay tráfico, aunque no mucho. De los autobuses y tranvías suben y bajan personas que parecen ir pensando en que el fin de semana, por fin, está cerca; además, el lunes que viene es Lunes de Pascua y es festivo nacional, no se puede pedir más.
Cultura e historia
En el desayuno nos dan hasta cinco opciones distintas. Tras pensarlo un poco, y no del todo convencido, pido el desayuno bosnio: tortilla, carne ahumada, embutido, queso, fruta, etc. Muy pocas veces he desayunado salado en mi vida —desde luego no recuerdo la última vez—, pero siempre hay un momento justo para todo. El desayuno no defrauda. Sabíamos que la cantidad iba a ser exagerada, pero nos sorprendemos a nosotros mismos no solo comiendo todo lo que nos ponen, sino hasta pidiendo repetir de alguna cosa.
Con el depósito de energía más que lleno, nos lanzamos a las calles de Sarajevo. La mañana, aunque algo fresca a primera hora, promete ser muy agradable y probablemente llegaremos hasta a pasar calor.
Cruce de culturas

Las calles ya empiezan a ser un hervidero. En lugar de ir hacia el este como ayer por la tarde, decidimos ir en dirección opuesta en busca del cruce de culturas que caracteriza a esta hipnótica ciudad.
Punto de encuentro de las grandes civilizaciones europeas, musulmanes, católicos, ortodoxos y judíos conviven en armonía desde hace siglos en la ciudad. Gracias a este hecho, a Sarajevo se le conoce como la Jerusalén de Europa. Basta con dar una vuelta para atestiguarlo. Tan solo una mañana y unos pocos miles de pasos nos hacen falta para visitar los templos más significativos de cada credo.
La visita a la Catedral del Corazón de Jesús —catedral católica— es breve. Sin darnos mayores explicaciones nos invitan a salir porque parece que hoy no están permitidas las visitas. Entendemos que probablemente tenga algo que ver el hecho de que hoy es Viernes Santo, pero siempre nos quedaremos con la duda. Al menos lo poco que vemos nos gusta.
Por cercanía, continuamos nuestro «paseo de fe» con la visita a la segunda catedral de Sarajevo, la Catedral de la Natividad de la Madre de Dios. Esta vez, catedral ortodoxa serbia. Aquí tenemos suerte a medias: podemos visitar la catedral, pero hay que pagar y no hay nadie a quien hacerlo; tampoco nos gusta la prohibición de hacer fotografías, aunque entendemos que cada uno pone las normas en su propia casa. Desde la entrada obtenemos unas buenas visitas que juzgamos suficientes. Seguimos nuestro camino.

Con tan solo cruzar el río y andar unos pocos metros, llegamos a la principal y más grande sinagoga de la ciudad, la Sinagoga de Sarajevo. Estamos en frente de la entrada, o lo que creemos que es la entrada, pero una puerta cerrada no nos invita a entrar. Resulta que está abierta, pero la falta de información nos hace dudar. Sale un hombre y nos informa que para visitar la sinagoga hay que pagar y que nos tiene que revisar las mochilas. Aceptamos las condiciones. La visita no es libre, sino que nos acompaña una mujer que nos explica la historia de los judíos en Sarajevo; al tratarse de judíos sefardies, tal vez piensa que algo sabemos del tema viniendo de España. La sinagoga no es grande, aunque tiene su encanto.
Tan solo nos resta visitar la mezquita más conocida e importante de la ciudad —de las muchas que hay en Sarajevo—, la Mezquita Gazi Husrev-beg. También hay que pagar, pero en esta ocasión sacamos un pase conjunto para visitar la madrasa y el museo de la biblioteca, que también llevan el nombre del omnipresente Gazi Husrev-beg, el famoso gobernador otomano. No he visitado muchas mezquitas para tener un criterio formado, pero esta me parece pequeña y sencilla para la importancia que tiene.

La madrasa Gazi Husrev-beg nos gusta. No es nada especial, pero sabiendo la relevancia histórica del lugar, todo se magnifica. En su interior han aprovechado las antiguas habitaciones de los estudiantes —donde pasaban entre 12 y 16 años estudiando— para documentar la historia del lugar.
Lo más destacado de la visita al museo de la biblioteca Gazi Husrev-beg para un ignorante del patrimonio literario que alberga como yo, es el documental sobre cómo lograron salvar miles de libros durante el sitio de Sarajevo. Impresiona conocer como hubo gente que se jugó la vida, literalmente, por salvar determinados libros.
Historia moderna

Conforme avanzamos en nuestro paseo en busca del cruce de culturas, aprovechamos para entremezclarlo con el pasado más reciente de esta ciudad. Un pasado, sin duda, aciago, marcado por la guerra, que aún es visible a simple vista en cuanto uno se mueve del centro histórico, perfectamente engalanado para el turismo.
Uno de los ejemplos más gráficos que podemos encontrar de este nefasto pasado reciente son las rosas de Sarajevo. Aunque el nombre puede parecer algo poético, la realidad dista mucho de ser agradable. Las rosas de Sarajevo son las huellas que dejaron en el suelo los proyectiles que llovieron durante el sitio de la ciudad entre 1992 y 1996; el sitio más largo de la historia de la guerra moderna. Nos encontramos con una visitando un mercado de frutas y verduras.
Otro ejemplo, sin duda, son las innumerables fachadas con agujeros de bala o metralla. Las hay por todas partes. Conforme uno va profundizando en la tragedia del sitio de Sarajevo, más se sobrecoge al pensar el infierno que debió ser estar durante 1.425 días sabiendo que un francotirador podría matarte en cualquier momento. Más de 10.000 personas corrieron esa suerte.
El ayuntamiento

Sarajevo ha sabido, gracias a la ayuda internacional, recuperarse poco a poco. Un ejemplo de ello es el edificio del ayuntamiento. En su día un símbolo de la barbarie de la guerra, actualmente luce orgulloso con la misma luz, si no más, que cuando fue inaugurado a finales del siglo XIX, cuando Bosnia pertenecía al imperio Austrohúngaro.
En la entrada al ayuntamiento hay una placa que recuerda como el sinsentido de la guerra se materializó en un incendio que lo destruyó casi por completo en la noche del 25 al 26 de agosto de 1992; aún quedaban casi cuatro años de sitio. Esta misma placa pide que no olvidemos, que recordemos y que avisemos. Diría que ya vamos mal.
Entramos en el edificio. Hay que pagar para entrar, pero desde luego lo hacemos encantados. Nada más entrar nos envuelve la luz y el color. Es un edificio precioso que transmite tranquilidad. No hay mucha gente y la poca que hay parece ser consciente de la importancia del lugar donde se encuentra.
Los sarajevenses han querido honrar a su historia por partida doble dentro del formidable marco que es el edificio del ayuntamiento. Por un lado, visitamos la cruda exposición sobre el genocidio que se llevó a cabo principalmente en tierras bosnias en el marco de la desintegración de Yugoslavia, y, por otro lado, visitamos la exposición de la historia del edificio en sí. Ambas exposiciones son magníficas.
Museo de Sarajevo 1878 – 1918
Sarajevo fue protagonista sin quererlo de la Gran Guerra. El 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip asesinó al archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio Austrohúngaro. Aunque el vaso ya se había ido llenando años atrás, este hecho fue la gota que lo colmó.
Para tratar de conocer un poco más sobre este magnicidio cuyo resultado cambió el mundo, visitamos el Museo de Sarajevo 1878 – 1918 que explica la historia de Bosnia desde su anexión al imperio Austrohúngaro hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Es un museo bastante pequeño que combina tanto elementos de la ocupación austrohúngara, como elementos del atentado contra el archiduque y heredero del Imperio austrohúngaro Francisco Fernando.
Museo del sitio de Sarajevo
Nuestra visita al museo del sitio de Sarajevo nos sirve para transformar los datos en una realidad que impacta. El museo se centra en la recopilación de decenas de testimonios de personas que tuvieron la desgracia de vivir el sitio de Sarajevo. No alcanzamos a comprender lo que debió ser, pero tampoco creo que se pudiera poner por escrito.


