Yo, templario — Verónica Martínez Amat

Yo, templario — Verónica Martínez Amat

Datos técnicos

Sinopsis de “Yo, templario”

«Me llamo Sunifred, mi apellido no importa, pues no tengo raíces ni sangre que atestigüe mi nobleza, pero sí puedo declarar con orgullo que fui, he sido y soy, mal que le pese a muchos, un hombre, un hermano, un monje, un guerrero…, en definitiva, un caballero del Temple.»

Sunifred, un joven sin linaje ni apellido que lo respalde, pero con el temple de un auténtico caballero, relata su transformación de muchacho pícaro y desarraigado a sargento de la Orden del Temple en la encomienda de Tortosa. Es allí donde entabla una compleja relación con Hug de Monrós, un templario de carácter rígido y austero, y esa insólita amistad marcará el principio de una aventura épica en las postrimerías del siglo XIII. Ambos deberán enfrentarse a conspiraciones, secretos e intrigas, amén de iniciar un peligroso viaje para derrotar a quienes amenazan con destruir la Orden.

En su periplo, ambos caballeros cruzarán su camino con una niña cátara perseguida por la Inquisición, una dama descendiente de las guerreras de la Orden del Hacha y un fiero almogávar endurecido por la guerra.

Desde las orillas del Ebro en Tortosa hasta Tierra Santa, pasando por Occitania, Valencia y Sicilia, esta novela histórica nos sumerge en una Europa medieval convulsa, donde el honor, la lealtad, el deber y el deseo de pertenencia se ponen a prueba a cada paso.

Opinión

Aunque el mundo de los templarios, por la razón que sea, despierta interés para un sector de la población, reconozco que nunca me he sentido atraído por él. “Yo, templario” fue un regalo —nunca lo hubiera elegido por la temática—, pero reconozco que me ha gustado.

Es una novela ágil, con mucho movimiento, aunque tal vez la trama central sea demasiado sencilla. Tal vez, aunque esto es gusto personal, podría haber aprovechado la ocasión para dar más importancia a la ambientación histórica.

Si buscas un libro rápido de leer, entretenido y, hasta cierto punto, con trasfondo histórico, “Yo, templario” puede ser una buena opción.

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