Milano Cortina 2026 — Día 2

7 de febrero de 2026. Y llegó el gran día. No son ni las seis de la mañana, pero ya estoy despierto; el despertador aún sigue durmiendo. Anoche «trasnoché» por culpa de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, pero, sin duda, mereció la pena. La ceremonia en sí, en mi opinión, no fue nada del otro mundo, pero como deportista aficionado es imposible no empatizar con los atletas y sentir ilusión.

Miro por la ventana y empiezo a dudar de las previsiones meteorológicas. Cuando hice la mochila, como iba algo justo de equipaje, decidí quedarme con la previsión que más me convenía —la cual predecía un fin de semana de cielos despejados— y no eché nada para la lluvia. Parece que el día no ha mirado las previsiones y ha amanecido cubierto y amenazando con dejar caer alguna gota. Eso sí, tampoco parece que, de llover, vaya a llover mucho.

Camino al estadio

Las competiciones de esquí de fondo se van a desarrollar íntegramente en el estadio de Tesero, en el corazón del famoso Val di Fiemme. Lo más cómodo, evidentemente, hubiera sido alojarme allí o en alguna población cercana, pero, cuando preparé el viaje, ya no había alojamientos libres; tampoco creo que los precios estuvieran dentro de mi presupuesto.

Gracias a la magnífica red de transportes del norte de Italia y a los servicios especiales que ha previsto la organización, llegar de Trento a Tesero no es nada complicado: primero, autobús urbano a la estación de trenes; segundo, tren directo de Trento a Ora; tercero, autobús lanzadera hasta Tesero.

Tren de Trento a Ora

Cuando organicé el viaje, tuve que cerciorarme de que llegar al estadio desde mi alojamiento fuese relativamente sencillo; y sobre todo posible. La página oficial de los Juegos Olímpicos estaba bastante bien organizada y con información muy útil para cada competición. Allí es donde vi que desde Ora iban a proporcionar un servicio de lanzadera.

El trayecto en tren desde Trento a Ora es una delicia. No son ni las nueve de la mañana y el tren va bastante vacío. Me «atrinchero» en mi asiento y disfruto del silencio y del paisaje. Nunca había estado en el valle del Adigio y, a pesar de estar acostumbrado a los valles pirenaicos, este consigue embelesarme: el valle no llega ni siquiera a los 200 metros de altitud, pero está rodeado de montañas —ahora ligeramente nevadas— de más de 2.000 metros que surgen abruptamente. Mientras miro por la ventana, me sorprende que el valle no esté especialmente urbanizado a pesar de ser totalmente llano y ancho; de hecho, los viñedos son los protagonistas del paisaje.

Estoy llegando a Ora y los primeros aficionados —finlandeses a juzgar por sus indumentarias—, que claramente van al mismo lugar que yo, se suben al tren. En pocos minutos llegaremos a Ora.

Autobús lanzadera a Tesero

Bajo del tren y pongo en funcionamiento mi técnica favorita en situaciones nuevas y desconocidas: remolonear, dejar que pase la gente y seguirles. En este caso tampoco es que hubiera mucha pérdida: la cola para el autobús de la organización está nada más salir de la estación.

La espera es corta y en pocos minutos ya estoy en el autobús camino de Tesero. Según Google Maps, el trayecto va a durar algo más de media hora. Por lo que veo y puedo intuir, el trayecto va a ser espectacular, ya que hay que subir un puerto para adentrarse en el Valle di Fiemme y las vistas del valle del Adigio prometen ser espectaculares.

Conforme vamos ascendiendo por el puerto, el valle del Adigio se nos va descubriendo en todo su esplendor; llegamos a ver hasta el final del valle, donde ya se intuye la ciudad de Bolzano. No tarda en aparecer la nieve, primero tímidamente en algún campo de vides que esperan pacientes la llegada de la primavera para volver a brotar, y más tarde cubriéndolo todo. Sin apenas darnos cuenta, hemos subido apenas 200 metros de altitud a más de 1.100. Tras un pequeño descenso y unos pocos kilómetros más, llegamos a Tesero.

Entrada al estadio de Tesero

Nada más bajar del autobús, la organización hace honor a su nombre y nos indica el camino a seguir hasta el estadio. No hay pérdida. Es un pequeño y agradable paseo en el que empezamos a juntarnos aficionados de todas partes, aunque, cómo no, los de los países escandinavos son mayoría.

Por un error en la información sobre la hora de apertura de puertas, estas se van a abrir dos horas antes del comienzo de la prueba y no tres como habían dicho en el correo electrónico que nos habían enviado. Toca esperar. No es la única sorpresa. Durante la espera, los voluntarios nos informan de que no está permitido entrar con agua, que debemos vaciar las botellas y que no nos preocupemos, que habrá agua en las zonas de restauración.

Abren las puertas y llego al control de seguridad. Me hacen vaciar las botellas y tirar la de plástico. No lo entiendo, puesto que se supone que, como nos han dicho, dentro se podrían rellenar. Llego a la zona C de espectadores y ni rastro de fuentes. Pregunto a una voluntaria y parece que le haya preguntado sobre el sentido de la vida… Me dice que espere 10 minutos y me dice algo. Pasa el tiempo y deduzco que no va a haber ni respuesta ni agua. Pregunto en el bar y la respuesta es clara: no hay agua gratis; cosas del marketing, dice. Total, que paso de llevar mi litro de agua a tener que pagar 2 euros por una botella de medio litro; eso sí, es agua de la orgullosa marca de agua oficial de los Juegos Olímpicos. Me parece una broma pesada.

Por culpa del lío del agua, la zona de espectadores se ha ido llenando y apenas hay sitios en primera fila. Consigo uno, pero no tardo en arrepentirme: está en un terreno muy inclinado y la nieve está demasiado blanda. En más de una ocasión, unos aficionados suecos me tienen que ayudar a levantarme después de resbalar; no soy el único que tiene problemas.

Milano Cortina 2026: skiathlon femenino

Entre equilibrios, y con las piernas algo entumecidas por no poder moverme para no acabar ladera abajo, empieza la prueba. Por fin.

Esta es la primera vez que asisto a una competición de esquí de fondo, pero la sensación es muy similar a otros deportes: la espera se hace larga, te cuesta mucho seguir la carrera y, además, esta pasa en un abrir y cerrar de ojos. Sin duda, el deporte desde donde mejor se ve es desde el sofá de tu casa por la televisión, pero claro, los aficionados no vamos a los estadios o a las carreteras para ver la prueba en sí, sino que vamos para ver a nuestros referentes en los deportes que seguimos y que practicamos. Vamos a ver cómo otras personas son capaces de hacer lo que nosotros ni soñamos poder llegar a hacer, pero aun así nos inspiran para poder mejorar. Al fin y al cabo, de eso se trata el deporte: superación.

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