
Cuando uno escucha hablar de Menorca (Islas Baleares, España), tal vez lo primero que se le viene a la cabeza es el mar y sus calas. Por suerte, cuando uno viaja a la isla y la va descubriendo poco a poco, esto queda completamente eclipsado por todo lo que esta pequeña isla nos ofrece.
Hace poco tuve el placer de visitarla. Era septiembre y aún hacía buen tiempo; afortunadamente, la temporada alta ya había pasado. Como siempre procuro hacer antes de cualquier viaje, leí algo sobre mi destino. En esta ocasión tuve la suerte de que cayera en mis manos «Menorca, la isla soñada» del genial Xavier Moret; después de haber vuelto del viaje, tengo la certeza de que gracias a ese libro disfruté mucho más de mi viaje.
Como decía, Menorca es mucho más que mar y calas. Es naturaleza, deporte, cultura, historia. El siglo XVIII —gracias a españoles, ingleses y franceses— es simplemente apasionante. La ruta talayótica es a la vez una sorpresa y un regalo. El patrimonio que esconde es abrumador: el Lazareto, la fortaleza de la Mola, los cascos históricos de Ciudadela y Mahón… ¿Y qué decir de su Camí de Cavalls? En mi caso, sin duda, la excusa perfecta para volver a Menorca. Y es que Menorca, con lo pequeña que es, no tiene fin.
Tras el Tratado de Utrecht, que puso fin a la guerra de sucesión española y por el cual España cedía Menorca al Imperio británico, la isla experimentó un fuerte crecimiento económico al calor de las patentes de corso que emitieron los británicos. Durante la Guerra de los Siete Años, Menorca pasó a manos francesas, para volver a ser británica en 1763. En 1782 volvió a estar bajo soberanía española, aunque durante el breve periodo de 1798 a 1802 perteneció al Imperio británico. Finalmente, y gracias al Tratado de Amiens, quedó definitivamente bajo mando español.
Todo este movimiento de poderes a lo largo del siglo XVIII dejó una huella todavía evidente en la isla.
Mahón
Capital de Menorca, Mahón concentra gran parte del patrimonio de la edad moderna de la isla gracias a su apasionante historia. Gran parte de esta historia se la debe a su puerto natural —de casi 6 km, el segundo más grande de Europa de su tipo—, que la hizo objeto de deseo desde que la fundara Magón, hermano de Aníbal, en torno al 205 a.C.
Un paseo por el centro de Mahón

Mahón no es una ciudad grande, y menos aún su centro histórico. Es un lugar ideal para recorrerlo a pie, con tranquilidad, disfrutando de su arquitectura, de sus plazas y, cómo no, de sus increíbles vistas al puerto. Paseando por sus calles descubrimos cómo las distintas ocupaciones que sufrió a lo largo del siglo XVIII dejaron huella en su patrimonio.
Un posible paseo por el centro de la ciudad podría empezar desde el magnífico edificio del ayuntamiento. Del siglo XVIII y de inspiración neogótica, destaca por su reloj traído desde Inglaterra en 1731 —primera ocupación inglesa—. Justo al lado del ayuntamiento encontramos la iglesia de Santa María, del siglo XVIII, de la que podríamos destacar su espectacular órgano; de hecho, en verano, se ofrecen conciertos. Llegando a la plaza del Carmen, encontramos la iglesia del Carmen. También del siglo XVIII y de estilo neoclásico, es la más grande de las iglesias de la ciudad. Junto con la iglesia del Carmen, encontramos el claustro del Carmen. Como no podría ser de otra forma, el claustro también data del siglo XVIII y actualmente está lleno de tiendas, tiene un supermercado en su parte baja y es escenario de eventos culturales.
Puerto de Mahón

Si bien el centro de Mahón guarda auténticos testigos del intercambio cultural producido a lo largo del siglo XVIII, el puerto los guarda de su historia militar.
Podemos destacar tres lugares de especial relevancia: la isla del Rey, donde en 1287 desembarcó el rey Alfonso III en el contexto de la conquista de la isla; el Lazareto, que en un principio constituía la península de San Felipe, pero que después de la construcción de un canal en el siglo XIX pasó a ser una isla donde los tripulantes y pasajeros de los barcos entrantes pasaban las cuarentenas; la fortaleza de Isabel II, también llamada fortaleza de la Mola por encontrarse en la península de la Mola.
Ciudadela
La antigua capital de Menorca hasta la ocupación británica es la otra gran ciudad de la isla. Como Mahón, también tiene puerto, aunque este es mucho más humilde que aquel. Ciudadela y Mahón están unidas históricamente, y testigo de ello es la carretera que las une directamente; la mejor vía de la isla.
Un paseo por Ciudadela

Pasear por el centro histórico de Ciudadela es toda una experiencia arquitectónica. La ciudad cuenta con impresionantes casas señoriales como Olivar (s. XVIII), Salort (s. XIX) o Torre-Saura (s. XIX), todas ellas a un paso de la plaça des Born. Al otro lado de esta plaza encontramos el edificio del ayuntamiento, también digno de visitar.
Subiendo por la calle mayor llegamos a la plaza de la catedral. En ella, como uno se puede imaginar, encontramos la Catedral-Basílica de Santa María de Menorca. Construida entre los siglos XIII y XIV por orden de Alfonso III de Aragón, conquistador de Menorca, esta catedral de estilo gótico es el corazón de la ciudad.
Al norte, algo alejado del centro y callejeando por bonitas calles de casas típicas de piedra, encontramos el impresionante Bastió de Sa Font, del siglo XVIII. Desde este bastión, recorriendo la carrer de sa muradeta que pertenece al Camí de Cavals (GR-223), llegamos al puerto de Ciudadela que, poco a poco, nos lleva de vuelta a la plaça des Born.


