
Una de las primeras fábricas en aprovechar la fuerza del río fue la Tabacalera Andorrana, fundada en 1909, que construyó la Central de les Anelletes. Esta central no solo producía energía para su propio funcionamiento, sino que además iluminaba de noche la capital y Escaldes, y posteriormente Encamp, La Massana y Ordino.
Los primeros usos de la energía hidráulica anticiparon la importancia del agua en Andorra como motor de desarrollo económico, culminando con la primera central hidroeléctrica del país.
Aunque existieron varias propuestas para construir centrales en los ríos andorranos, ninguna prosperó hasta que un grupo de ingenieros y empresarios presentó un proyecto viable. Este plan aprovechaba las condiciones naturales del lago de Engolasters, que pronto se convirtió en el origen de la primera central hidroeléctrica de Andorra.
Para la explotación, fue necesario levantar infraestructuras complementarias. El primer paso consistió en instalar un funicular que facilitara el montaje de la tubería, junto con una central auxiliar destinada a abastecer las obras.
En 1929, se otorgó a la empresa FHASA la concesión del aprovechamiento hidroeléctrico en el país. La mayor parte de la producción se destinaba a la exportación, mientras que apenas un 10% quedaba reservado para el suministro interno. La exportación a España comenzó en 1934 mediante la línea de Adrall, y a Francia en 1943 Francia a través de Hospitalet.
En la década de 1960, el auge del turismo provocó un incremento notable en el consumo eléctrico, lo que obligó a la ampliación la red de infraestructuras. Se construyó la primera subestación y se instalaron nuevas líneas de media tensión para garantizar un suministro estable y cubrir la creciente demanda nacional.
En 1988, se decidió comprar las sociedades FHASA y EASA, propiciando la recuperación la concesión hidroeléctrica otorgada en 1929 por 75 años. A partir de esa adquisición se creó el ente público FEDA, Fuerzas Eléctricas de Andorra, encargado de producir y suministrar electricidad utilizando las instalaciones existentes. Con el tiempo, aquellas infraestructuras heredadas de FHASA fueron modernizadas de forma progresiva, consolidando a FEDA como el principal gestor energético del país.
Conocer más sobre la historia de la electricidad en Andorra
Si uno quiere conocer más a fondo la historia de la electricidad en Andorra está de suerte. Gracias a la encomiable labor de Andorra de dar a conocer su historia con una magnífica red de pequeños museos, la electricidad no solo tiene una sino dos visitas muy interesantes: el museo de la electricidad —MW Museu de l’Electricitat— y el camino hidroeléctrico de Engolasters —Camí Hidroelèctric d’Engolasters—.
Museo de la electricidad

Situado en la planta baja del edificio de la central hidroeléctrica de la FEDA —inaugurado en 1934—, en este museo no solo podrás conocer la historia de la electricidad en Andorra y su importancia en el desarrollo del país, sino que gracias a la zona interactiva podrás experimentar tú mismo con los principios físicos de la electricidad. Por si fuera poco, podrás observar las turbinas que aún hoy en día siguen en funcionamiento y son responsables de la producción de electricidad en el principado.
La visita se puede hacer por libre o de forma guiada. Si eliges hacerla por libre, podrás hacer uso de la audioguía que te proporcionan a la entrada. Esta audioguía —gratuita— se encuentra en catalán, castellano, francés e inglés. El precio de la entrada general es de 5 € y de la reducida —carnet joven, profesores, grupos de más de 10 personas, estudiantes y jubilados— de 2,5 €.
La visita es realmente interesante y amena. Ligado a la historia de la electricidad, hay una magnífica exposición de la importancia que tuvo esta —y sobre todo su exportación— en el desarrollo económico y social de Andorra, un país que a principios de siglo XX era pobre y estaba muy retrasado respecto a sus vecinos Francia y España.
Camino hidroeléctrico de Engolasters

Incluido en la entrada del museo de la electricidad, tenemos la visita guiada por el camino hidroeléctrico de Engolasters. Tan solo tienes que reservar día y hora en la misma recepción del museo. Llegar hasta la casa de los guardas —inicio del recorrido— corre por tu cuenta, pero, sin duda, merece la pena.
Si bien en el museo nos exponen todo lo relativo a la historia de la electricidad en Andorra, en el camino hidroeléctrico podrás sentirla. A lo largo del recorrido pasarás por distintos puntos donde la historia se materializa.
El recorrido
El recorrido empieza en la casa de los guardas. En ella se alojaban los encargados del funicular y sus familias. El funicular, hoy en día desmantelado, fue clave en la construcción de la presa: debido a lo complejo del acceso al lago de Engolasters, la mejor solución que encontraron para subir los materiales de construcción fue la instalación de un funicular; a los trabajadores no les quedaba más remedio que subir a pie. En la visita accedes a la sala de máquinas y te explican con todo detalle el funcionamiento. Además, en el exterior, podrás montarte en la vagoneta original y trasladarte a aquellos duros días de trabajo.
Continuando el recorrido llegamos a uno de los edificios más protegidos de Andorra. En este se encuentra, a varios metros bajo tierra, la válvula de cabecera, es decir, la válvula que deja pasar, o no, el agua que llega a la central para general electricidad. No se puede entrar en el edificio, pero a pocos metros podemos ver la primera válvula que se instaló en la presa.
Avanzando un poco más, entramos en las tripas de la presa: la galería técnica. Esta galería tiene la función, entre otras cosas, de controlar posibles fugas en la presa. En la visita, con casco de protección, avanzas bajo tierra hasta encontrarte con el muro. La galería es espectacular.
El recorrido guiado va llegando a su fin al llegar al exterior de la presa y al canal de descarga. Este canal, como su propio nombre indica, tiene la importante función de evacuar agua en el caso de que la presa superase la altura límite, algo del todo indeseable, ya que podría destruir la presa.


