
Este pasado fin de semana tuve la suerte de poder asistir a la Copa del Mundo de Esquí Alpino en Andorra. Desde que en 2012 Andorra debutase como sede de la Copa del Mundo, con esta edición, ya son seis temporadas en las que la FIS ha incluido a Andorra en su calendario.
En esta ocasión, tan solo se han celebrado pruebas de velocidad: descenso el viernes y supergigante tanto el sábado como el domingo. Fue el sábado, el primero de los dos supergigantes del fin de semana, el día elegido para presenciar la competición; siendo este el primer supergigante de Copa del Mundo tras los Juegos Olímpicos de Milano Cortina 2026 en el que Federica Brignone se llevó el deseado oro.
Supergigante
Si hablamos de esquí alpino en Andorra, hablamos de Grandvalira. En esta ocasión, la pista protagonista, como no podía ser de otra forma, fue Àliga. En ella se celebró tanto el descenso como sendos supergigantes.
La competición empezaba a las 11:00, pero llegué algo antes para tomar la temperatura al ambiente. Me quedé algo frío. Esperaba mucho más ambiente y, sin embargo, lo que me encontré fue una feria de patrocinadores más bien pequeña —por no decir ridícula— y muy poca gente. Apenas había aficionados y, desde luego, el ambiente distaba mucho de aquellos a los que estamos acostumbrados a ver en países como Suiza o Francia en la Copa del Mundo de Esquí Alpino. Había tan poca gente que no tuve ningún problema en ponerme en primera fila.
La competición empezó y, para colmo, el speaker no hizo acto de aparición hasta bien avanzado el espectáculo —desconozco el motivo de esta ausencia—. Esto no solo restó animación, sino que, si no llega a ser por las pantallas gigantes, difícilmente se hubiera seguido la carrera.
Sea como fuere, las que no defraudaron en absoluto fueron las esquiadoras. Una tras otra nos hicieron disfrutar del esquí de velocidad del más alto nivel. Sin ninguna clara favorita, fue la joven promesa —promesa, o ya realidad— Emma Aicher la que se subió a lo más alto del podio, seguida por la neozelandesa Alice Robison y la suiza Corinne Suter.
Personalmente, me fui contento de poder haber visto en acción a Federica Brignone y a Sofia Goggia.


