Salida de Milán-San Remo 2026

Este pasado sábado me encontraba en Milán (Italia) y, casualidades de la vida, en Pavía —a apenas media hora en transporte público desde Milán— tenía comienzo uno de los monumentos del ciclismo: la Milán-San Remo. Los horarios me coincidían, así que decidí pasarme por allí para ver el ambiente.

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de asistir a muchas etapas de distinto tipo —alta montaña, contrarreloj, llegada en llano al sprint, etc.— de distintas competiciones —Tour de Francia masculino y femenino, Vuelta a España masculino y femenino, Giro de Italia, Campeonatos Mundiales, etc.—, pero nunca había asistido a un monumento.

Salida de la Milán-San Remo 2026

Llegué a Pavía en tren desde Milano Centrale. Sinceramente, y no sé muy bien por qué, esperaba que el tren estuviera lleno de aficionados al ciclismo. No encontré ni rastro, o al menos no supe detectarlos.

Al bajar del tren y dirigirme a la Piazza della Vittoria —línea de salida de la carrera—, el ambiente no mejoró. Si no hubiera sido por la presencia policial, difícilmente hubiera podido adivinar que a apenas unos cientos de metros iba a tener lugar la salida de uno de los cinco monumentos del ciclismo del más alto nivel.

Al llegar a la plaza —por fin algo de ambiente—, la presentación de los equipos ya había comenzado, aunque pude ver a los equipos que, a priori, estaban llamados a ser los protagonistas del día.

Una vez concluida la presentación de equipos —dejaron para el final al UAE Team Emirates XRG de Tadej Pogačar—, me dirigí a la línea de salida en la calle paralela a la plaza. Más por intuición que por certeza, y gracias a un golpe de suerte, pude ponerme en primera línea justo delante de la salida. Durante un buen rato tuve a Tadej Pogačar, junto con Mathieu van der Poel y Jasper Philipsen, a escasos metros.

Se dio el pistoletazo de salida y, en un abrir y cerrar de ojos, el pelotón desfiló delante de mí. Por delante les quedaban casi 300 km hasta llegar a San Remo.

P. D. De camino de vuelta a la estación, tuve la suerte de volverme a encontrar con el pelotón que, entonces ya sí, ponía rumbo al Mediterráneo.

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