
Este pasado fin de semana, en Benasque (Huesca), se ha celebrado la tercera edición del festival Pirineo Literario. Los actos se han repartido a lo largo de tres días, desde el viernes 5 hasta el domingo 7 de septiembre de 2025.
En esta ocasión, hemos tenido la oportunidad de asistir a dos actos: el coloquio con Inés Plana y Berna González Habour dirigido por Encarna Samitier que tuvo lugar el sábado por la tarde y a la representación de la llegada a Benasque de D. Miguel de Unamuno en 1918.
Coloquio con Inés Plana y Berna González Harbour

En la sala de conferencias del Palacio de los Condes de Ribagorza tuvo lugar, a las siete de la tarde, un entretenido coloquio entre Inés Plana y Berna González Habour dirigido por Encarna Samitier.
En una primera parte, el coloquio tuvo como únicas protagonistas a ambas escritoras para, posteriormente, abrirse a preguntas del público. A lo largo de la hora que duró el acto —hora que pasó volando— se trataron diversos temas, aunque, como no podía ser de otra forma, todos ellos con la literatura en el centro.
Siempre es un placer escuchar a las escritoras y escritores hablar de sus obras y de sus procesos creativos. Cuando uno lee un libro, en la mayoría de las ocasiones, no es consciente del trabajo que hay detrás.
Algo que nos llamó especialmente la atención, fue, gracias a Inés Plana, conocer el proceso que hay detrás de la literatura negra. A simple vista podría parecer que simplemente es inventarse una historia y plasmarla en papel, sin embargo, detrás hay bastante trabajo de documentación para que la historia sea verosímil y, licencias literarias aparte, lo más próximo a la realidad posible; se confesó amiga de la Guardia Civil gracias a sus procesos de documentación.
Representación de la llegada de Unamuno
Al día siguiente, a las once de la mañana, en la plaza del ayuntamiento, teníamos una cita con don Miguel de Unamuno.
Fue en septiembre de 1918 cuando el insigne escritor —entre otras muchas cosas— visitó la villa de Benasque, acto de tamaña repercusión que aún en día se recuerda más de un siglo después.
Con cierto retraso —causando nerviosismo—, don Miguel apareció en un precioso Citroën de principios de siglo XX. Recibido por el alcalde, y una vez satisfechas sus necesidades fisiológicas, se procedió a enseñar a don Miguel el hermoso pueblo de Benasque, dando un paseo por sus calles empedradas.
A lo largo del paseo, don Miguel compartió con la muchedumbre que le acompañábamos sus reflexiones sobre su viaje y sobre sus impresiones sobre Benasque y su entorno. Se interesó por conocer a las personas que se encontraba y mostró gran interés en subir a alguna de las cimas que custodian la villa. Especialmente emotiva fue su afirmación sobre la importancia de proteger nuestra lengua aragonesa, después de que la maestra le contara en patués un par de historias locales.
La visita y el festival concluyeron cuando la comitiva subió a Llanos del Hospital, en los confines del valle, donde tuvo lugar una comida en su honor.


