Excursión de un día a Liechtenstein desde Zúrich

El panel de información que anuncia las salidas de los trenes es enorme, hay decenas de ellas en los próximos minutos; la última del listado es la nuestra. Estamos en la estación central de trenes de Zúrich, a punto de subir al tren que nos llevará a Sargans, la estación de tren más cercana a Liechtenstein. Desde allí cogeremos un autobús urbano que nos llevará a Vaduz, capital del país alpino.

Tren de Zúrich a Sargans

Nada más dejar atrás la estación, aparece el lago de Zúrich a la izquierda y prados y montañas de un verde intenso a la derecha. El cielo está encapotado, sin duda amenaza lluvia, pero a estos paisajes cualquier cielo le sienta bien.

Sorprende estar en la zona más rica de uno de los países más ricos del mundo y tener la sensación de estar en un ambiente rural: entre pueblo y pueblo hay grandes prados con pequeñas granjas con ganado. No son grandes rebaños, de hecho, no llego a contar más de una decena de reses en el más grande.

Al poco rato de llegar al final del lago de Zúrich, aparece el lago de Walen. Si bien el lago de Zúrich es espectacular, el lago de Walen te deja sin palabras.  A diferencia del primero, rodeado por montes de poca altura, el de Walen está flanqueado por unos impresionantes desfiladeros que se hunden en el lago, como por ejemplo el Leistchamm que alcanza los 2.101 m de altitud; hay que tener en cuenta que el lago está a 419 msnm.

El trayecto en tren dura algo menos de una hora, pero gracias al espectáculo que se ve a través de la ventana, el tiempo vuela y, casi sin darnos cuenta, llegamos a Sargans.

Llegamos a Vaduz

Salimos de la estación y justo en frente ya nos está esperando el autobús de la línea 11 a Vaduz. Al principio dudamos de si es el autobús correcto, el cartel frontal está apagado y tampoco vemos dónde está el conductor. La situación es curiosa: los que claramente somos turistas estamos dubitativos, en cambio, los lugareños —o al menos así lo parecen— entran y se sientan con total determinación. Decidimos entrar y sentarnos. Al poco rato vemos que había una pantalla donde indicaban las siguientes salidas. Efectivamente, estamos en el autobús correcto. El pago lo haremos con la aplicación Fairtiq, que nos asegura pagar la tarifa más ajustada posible.

El trayecto desde Sargans a Vaduz dura algo más de media hora. No hay frontera en sí, y tras cruzar el Rin ya estamos en Liechtenstein. Los paisajes son igual de bonitos que en el trayecto hasta Sargans, aunque enseguida nos llama la atención el Castillo Gutenberg en la localidad fronteriza de Balzers. La primera impresión desde el autobús es muy buena. Se siente un país tranquilo, agradable. Nada tiene que ver con otros micro-Estados como Mónaco o Andorra.

Con casi dolor de cuello de tanto mirar por la ventana, llegamos a Vaduz y nos encontramos con lo que podría haber sido una sorpresa de no haber venido informados. Hoy se casa la princesa María Carolina de Liechtenstein en la Catedral de San Florián de Vaduz. La parada de autobús donde íbamos a bajarnos está suprimida y el autobús da un rodeo considerable. No hay problema, nos bajamos a tan solo a unos pocos minutos andando de nuestro objetivo inicial.

Un día en Vaduz

El origen de Liechtenstein se remonta a 1699, cuando el príncipe Johann Adam Andreas compra el señorío de Schellenberg y, posteriormente, en 1712, el condado de Vaduz. En 1719 el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos VI ordena la unión de ambos territorios, dando lugar a un principado que tomaría el nombre del príncipe Anton Florian von und zu Liechtenstein. Finalmente, tras la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806, Liechtenstein consiguió su independencia el 12 de julio de ese mismo año.

Actualmente, Liechtenstein es una monarquía constitucional, democrática y parlamentaria. En él viven unas 40.000 personas, de las cuales el 34 % son extranjeros provenientes de 115 países. De los 160 km² que conforman el territorio, tan solo el 11% está urbanizado y el 40% es bosque. La tasa de delincuencia es prácticamente nula y posee el cuarto PIB más alto del mundo.

Boda real

Bajamos del autobús en pleno centro de Vaduz. La calle principal está cortada al tráfico, ya que justo en ese mismo momento se está oficiando la boda real. Más por curiosidad que por afinidad, nos acercamos a la catedral a ver el ambiente. No podemos llegar hasta la misma catedral, y nos tenemos que conformar con ver el espectáculo desde la casa del gobierno —a apenas una centena de metros de distancia—.

Como suele ocurrir en este tipo de eventos, los horarios no se cumplen y todo se va alargando en el tiempo. Al final, lo que tendría que haber sido una pequeña espera hasta que la pareja de recién casados saliera por la puerta principal de la catedral, se convierte en más de una hora. Al menos, al final, conseguimos verlos y, lo que más interesante me parece, también vemos un desfile de personas vestidas con sus trajes tradicionales liechtensteinianos.

Paseando por la ciudad

Terminamos de comer y empezamos nuestro recorrido turístico por la ciudad. Esta mañana, cuando hemos llegado, y antes de la boda, hemos pasado por la oficina de turismo para ver qué nos ofrecía la ciudad más allá de lo que conocíamos. La verdad es que ha sido una visita un tanto decepcionante. Bien podrían llamarla tienda de recuerdos de Liechtenstein con unos pocos panfletos informativos a tu disposición. Aun así, hay que reconocer que la poca información que proporcionaban ha sido de gran ayuda para planificar el resto del día.

Calle Städtle

Justo en frente del restaurante donde hemos comido tenemos el ayuntamiento (rathaus). Se trata de un edificio de principios de los años treinta del pasado siglo, renovado en los años ochenta, que, sinceramente, no tiene nada de especial. Tal vez lo más llamativo son los frescos del balcón obra de Johannes Trayer. Por lo demás, es un edificio bastante sobrio.

Avanzamos por la calle peatonal Städtle. A lo largo de esta calle se encuentran gran parte de los atractivos turísticos de Vaduz como sus principales museos y edificios de gobierno. De hecho, prácticamente juntos, encontramos el museo de arte (Kunstmuseum Liechtenstein), el museo de la Cámara del Tesoro (Schatzkammer Liechtenstein), el museo postal (Liechtensteinisches PostMuseum) y el museo nacional (Liechtensteinisches Landesmuseum); a este último volveremos más tarde para visitarlo.

Plaza Peter Kaiser (Peter-Kaiser-Platz)

Dejamos atrás la calle Städtle y sus los museos, y entramos en Plaza Peter Kaiser (Peter-Kaiser-Platz). En ella nos encontramos el edificio del Parlamento (Landtagsgebäude) y el edificio del Gobierno (Regierungsgebäude). Ambos edificios son tremendamente diferentes. El edificio del Parlamento, construido en 2008, es un edificio moderno y, a mi juicio, feo con ganas; parece más un edificio de cementerio que de parlamento. En cambio, el edificio del Gobierno, construido en 1905, es un bonito edificio neorenacentista que, de hecho, está catalogado como monumento del patrimonio cultural del país.

La catedral

Prácticamente al lado del edificio del Gobierno, encontramos la Catedral de San Florián o Catedral de Vaduz (St.-Florins-Kirche in Vaduz o Kathedrale von Liechtenstein). Al igual que el edificio del Gobierno, la catedral también está catalogada como monumento del patrimonio cultural del país, y no es para menos. Construida entre 1869 y 1873, esta antigua iglesia parroquial de estilo neogótico alcanzó el grado de catedral en 1997 durante el papado de Juan Pablo II.

Si bien esta mañana, esperando a que terminase la boda, hemos tenido tiempo más que de sobra de admirar la catedral desde fuera, ahora entramos para admirarla por dentro. Acostumbrados a las grandes catedrales europeas, esta catedral sorprende por sus reducidas dimensiones. Gracias a la boda de esta mañana, el interior está ricamente decorado con flores y el olor es todo un espectáculo. Efectivamente, es una de las catedrales más pequeñas que he visto nunca, pero eso no le resta hermosura. Me gusta.

Antiguo puente sobre el río Rin entre Vaduz y Sevelen

Dejamos atrás el centro de la ciudad; de hecho, salimos de la ciudad. Tras un agradable paseo llegamos hasta el antiguo puente sobre el río Rin entre Vaduz y Sevelen (Alte Rheinbrücke Vaduz–Sevelen). Los paisajes que hemos visto llegando hasta aquí bien podrían ser los de algún valle pirenaico. Me sigue llamando poderosamente la atención el cómo podemos estar en uno de los países más ricos del mundo, pero a la vez tener la sensación de estar en un ambiente rural donde la tranquilidad reina en cada rincón.

Inaugurado el 18 de julio de 1871, este puente construido en madera que une Vaduz (Liechtenstein) y Sevelen (Suiza) es una auténtica joya. Cruzamos el puente como teletransportados al siglo XIX. Cuando nos encontramos en mitad del puente vemos dos señales: la primera nos indica que hacia el oeste está Suiza y hacia el este Liechtenstein, y la otra, que hacia el oeste está Sevelen y hacia el este Vaduz. El paseo hasta aquí, sin duda, ha merecido la pena.

Museo nacional

Volvemos sobre nuestros pasos para visitar el museo nacional. Normalmente, hubiéramos hecho esta visita al principio del día para poder valorar mejor lo que vemos por la ciudad, pero los horarios de la boda nos han trastocado un poco los planes. No pasa nada, el museo no es muy grande, y si bien siempre puedes pasar horas en casi cualquier museo, al menos nos dará tiempo a visitarlo con cierta tranquilidad.

La sensación después de terminar la visita es agridulce. Hay partes de la exhibición que no están mal, pero realmente no se podría decir que es un museo que sobresalga por nada en especial. La parte que va desde la prehistoria hasta la Edad Media es realmente sencilla y podría encontrarse en prácticamente cualquier museo; de hecho, llama la atención que apenas hay objetos reales. Tal vez la parte que más me ha gustado ha sido la que va desde principios de siglo XX hasta la actualidad —con colecciones curiosas como la relativa a las telecomunicaciones o educación—, pero, de nuevo, nada que no se pueda ver en otra parte. Mención aparte merece el edificio en sí, un bonito edificio —sobre todo en su interior— que data de 1438 y que fue utilizado para albergar la taberna principesca, una aduana y la sede del Gobierno.

Vuelta a Zúrich

Queremos regresar a Zúrich con luz para disfrutar del viaje de vuelta, así que nos dirigimos a la parada de autobús. El trayecto es idéntico al de esta mañana, pero en sentido opuesto: primero autobús de Vaduz a Sargans y, después, tren de Sargans a la estación central de trenes de Zúrich.

Hacía mucho tiempo que quería visitar Liechtenstein. No sabía muy bien qué esperar, pero realmente me ha gustado. Es cierto que, culturalmente hablando, no tiene mucho que ofrecer —sí, al parecer, si eres aficionado al arte—, y que lo mejor, sin duda, es el país en sí. Me ha sorprendido gratamente la sencillez de sus habitantes. Es cierto que, por ejemplo, se ven buenos coches —como en otras partes de Europa o incluso como en España— y está claro que las personas tienen una buena calidad de vida —el salario medio es tres veces el de España, pero el coste de la vida es tan solo el doble—, sin embargo, no se ve ostentación como en otros lugares. Se ve tranquilidad e igualdad, dos cualidades vitales para una buena sociedad.

Vuelvo a casa con ganas de volver en otra ocasión para conocer su parte más salvaje, poder recorrer sus senderos y, tal vez, por qué no, incluso esquiar en sus pistas de esquí.

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