
En la pequeña localidad de Nay —departamento de Pirineos Atlánticos en plena región histórica del Bearne—, encontramos este pequeño museo sobre la elaboración tradicional de la boina francesa: el beret.
Realmente se trata de una tienda-museo cuyo acceso es gratuito. A pesar de ser gratuito, no es necesario hacer ninguna compra ni sientes ninguna presión para hacerlo. Eso sí, tras nuestra visita, creo que es bastante difícil salir del museo y no tener ganas de llevarte contigo una de estas boinas.
Elaboración tradicional del beret

La confección de la tradicional boina francesa es un proceso minucioso que entrelaza la destreza artesanal con el uso de maquinaria histórica de gran precisión.
La elaboración de esta prenda icónica comienza con el tratamiento de la lana, buscando otorgarle su característica textura mediante un proceso conocido como tundido. Esta primera fase tiene como objetivo alisar la superficie de la prenda y proporcionarle un inconfundible aspecto afieltrado. Para lograrlo, se emplea una máquina tundidora que funciona rasurando la lana. Históricamente, la primera pasada se realizaba con una máquina del año 1928 de fabricación MILHET. Tras este primer tundido, la pieza pasa por una segunda tundidora, de características idénticas a la anterior, pero destinada a recortar la parte llana de la prenda. Tras la acción de ambas máquinas, la boina queda totalmente rasurada y preparada para recibir sus acabados y guarniciones.
Una vez que el exterior adquiere su textura ideal, el siguiente paso es garantizar que la prenda se ajuste perfectamente a la anatomía del usuario. Para esta labor se utiliza una máquina estiradora, destacando modelos históricos como la Allie Maillard, que data del año 1934. Mediante un funcionamiento en caliente, este equipo permite ajustar y dar forma a la apertura de la boina. Los diferentes tamaños de cabeza suelen variar entre los 52 y los 64 centímetros.
El ensamblaje del interior de la boina es igual de complejo y requiere maquinaria sumamente especializada. El forro que decora y protege el interior se asienta sobre la tela con una máquina diseñada especialmente para hacer dobladillos en boinas. La principal ventaja de esta máquina es la capacidad de aplicar puntos invisibles. Para que este forro adquiera su forma definitiva, se emplea una máquina estampadora que opera en caliente. Esta se encarga de doblar los bordes de la cofa interior.
Por otra parte, la confección de los modelos destinados al uso civil incluye la inserción de cueros en el borde inferior. Este trabajo se realizaba tradicionalmente utilizando una máquina de coser “canon” de la reconocida marca Singer. El cierre de este borde de cuero es una tarea de gran delicadeza estética. Otra máquina Singer especializada realiza el empalme, uniendo las piezas de cuero y colocando simultáneamente un “lazito” decorativo para disimular hábilmente la costura.
El proceso culmina con los detalles finales que dotan a cada boina de su identidad única y funcionalidad. La inserción de accesorios metálicos se realiza con equipos de presión, como la máquina de colocar ojetes del fabricante Daude, originaria de 1935.
El carácter distintivo de la prenda se refuerza al añadir la ornamentación. Para fijar los emblemas a la tela se utiliza maquinaria con profundas raíces históricas. Ejemplo de ello son los modelos de máquinas de coser Singer para este propósito que datan del año 1886.
Finalmente, el sello de calidad se aplica mediante un proceso de marcado en caliente. Con la ayuda de un balancín de cigüeña para dorar, como la máquina parisina Cannac (Tipo C 2) del año 1931, se estampa directamente la marca del cliente sobre el tejido, completando así la rica narrativa industrial y artesanal de cada boina confeccionada.


