Circuito medieval de Foix

Cuando oímos hablar de Foix (departamento de Ariège en la región de Occitania, Francia), tal vez lo primero que se nos viene a la cabeza es su famoso castillo, y no es para menos. Por suerte, la ciudad de Foix, tan vinculada históricamente con la Corona de Aragón y ya en el siglo XX con los exiliados españoles que huyeron primero de la guerra y después del hambre y de la represión franquista, nos ofrece mucho más.

En mi reciente visita a Foix, en la oficina de turismo me propusieron hacer el circuito medieval por las calles de la ciudad. Se trata de un circuito sencillo, apto para todas las condiciones físicas, gracias al cual vamos encontrándonos con distintos puntos de interés más allá del citado castillo.

Comenzando el circuito

El circuito tiene su comienzo en la Place Dutilh, a pocos minutos andando de la oficina de turismo. Según cuenta una placa informativa, en la Edad Media el distrito donde se encuentra la plaza pasó a formar parte de la “ciudad nueva”. Esta plaza tenía una doble función: por un lado, solía albergar mercados y, por otro, era un punto de abastecimiento de agua para los ciudadanos. La fuente protagonista del centro de la plaza avala esa segunda función.

Continuamos el circuito por la rue Labistour, que nos lleva directamente al corazón de la ciudad. Situada sobre lo que en el siglo XIII fue la muralla de la ciudad, actualmente, y desde el siglo XIV, tiene un marcado carácter comercial.

Seguimos avanzando en nuestro paseo. Dejamos atrás la rue Labistour para llegar hasta la place Parmentier. Allí nos encontramos con el Hôtel de Ville, es decir, el ayuntamiento. Como ya es la tónica en este circuito, una placa informativa nos arroja luz sobre lo que tenemos delante. Al parecer, el edificio del ayuntamiento de Foix albergó desde principios del siglo XIX el hospital Saint Jammes. Ya en 1811, el hospital se convirtió en cuartel para soldados y gendarmes, aunque, desafortunadamente, en 1816, se incendió. En 1837, se refundó en colegio y, posteriormente, en instituto. Finalmente, en 1889, el municipio eligió este edificio como su sede.

Tiempos aquellos en los que los edificios se mantenían y reutilizaban. Ahora, a la mínima, entra la maquinaria pesada para borrar cualquier rastro de historia y de identidad…

Subimos a la parte alta de la ciudad

Retomamos el circuito y comenzamos la subida hasta el castillo. No es una subida especialmente exigente, pero sí notamos que vamos ganando altura.

La rue des Grands Ducs nos lleva hasta los pies de la torre sur —la redonda y más moderna—, que data del siglo XV. Según nos cuenta, de nuevo, un cartel: esta calle estrecha y sinuosa es uno de los últimos vestigios del pueblo original construido al pie del castillo. Debe su nombre a los Grands Ducs (los Búhos), que anidaban en la roca del castillo.

Enlazamos la rue des Grand Ducs con la rue du Rocher que, ahora sí, nos deja en la puerta del castillo. La rue du Rocher debe su nombre a la gran masa rocosa que sirve de pie al castillo. Esta roca calcárea fue modelada durante siglos por los ríos Ariège y Arget. En ella se han encontrado hasta 27 cavidades que el ser humano ha habitado desde hace más de 50.000 años. De hecho, hoy en día, algunas casas aún tienen acceso directo a estas cavidades.

Château des Comtes de Foix

El castillo de Foix comenzó a levantarse hacia el año 1000 con una primera torre principal. Entre los siglos XII y XIII se añadió otra torre de planta cuadrada y un cuerpo residencial. Gracias a esas ampliaciones, la fortaleza inicial pasó de ser un puesto defensivo a una residencia condal más amplia y habitable.

En el siglo XV se construyó una tercera torre, esta vez circular, atribuida probablemente al impulso de Gastón Febo. Aunque obtuvo protección patrimonial en 1840, la gran restauración no empezó hasta 1864, cuando la cárcel allí instalada se trasladó fuera de la ciudad. El arquitecto Paul Boeswilwald dirigió las obras y retiró añadidos para recuperar una apariencia medieval. Como nunca sufrió un largo abandono ni una destrucción total, hoy presenta una conservación notable.

Hoy en día, el castillo se puede visitar, aunque hay que decir que es una visita bastante extensa. Se estima que necesitas unas cuatro horas para verlo todo con tranquilidad. De hecho, para comodidad del visitante, es posible salir y volver a entrar a lo largo del día.

L’abbatiale Saint-Volusien

Bajando del castillo por la rue du Palais de Justice, llegamos a la última parada del circuito: Labbatiale Saint-Volusien.

La iglesia abacial de Saint-Volusien resume buena parte de la historia de Foix. Nació en el siglo IX como un templo modesto dedicado a otros santos. Con el tiempo se convirtió en abadía, amplió su patrimonio y ganó influencia política, religiosa y cultural. Desde 1002 quedó vinculada a san Volusiano, obispo de Tours, cuya muerte cerca de Foix originó una tradición de gran valor simbólico. En 1582, las guerras de religión causaron saqueos, destruyeron el claustro y dispersaron las reliquias. Durante el siglo XVII, varias obras transformaron el edificio y le dieron parte de su aspecto actual. Después, la Revolución francesa provocó su confiscación y el antiguo conjunto adoptó nuevos usos.

La iglesia conservada mezcla elementos románicos, góticos y renacentistas. Sobresalen su portada meridional, la cripta, el altar, la capilla de Saint-Sernin, la sillería del coro y un notable órgano decimonónico. Hoy sigue siendo una referencia patrimonial clave para Foix.

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