
6 de febrero de 2026. Amanezco en El Prat. Eso, indefectiblemente, significa que un nuevo viaje está por empezar —en realidad también puede significar que un viaje acabó ayer, pero, por suerte, no es el caso—. Hoy comienza un viaje muy especial que llevaba mucho tiempo esperando hacer: voy a asistir a los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026.
Hace casi 30 años que practico esquí alpino y algo más de 10 esquí de fondo; la combinación de deporte, montaña y nieve es una de mis representaciones favoritas del paraíso. Con esa confesión creo que se entenderá que desde hace ya muchos años soy un fiel seguidor de los Juegos Olímpicos de Invierno, y más en concreto del esquí de fondo, del esquí alpino y del biatlón. La idea de asistir a unos Juegos Olímpicos de Invierno llevaba mucho tiempo instalada —o tal vez enquistada— en mi cabeza, pero las últimas ediciones habían sido un poco lejos y complicaban —y encarecían— la logística.
En unos Juegos Olímpicos, salvo alguna persona privilegiada, no se puede asistir a todo lo que a uno le gustaría, por lo que toca elegir. Como este año ya he asistido por cuarto año consecutivo a la Copa del Mundo de Biatlón, y, probablemente, asista a la de esquí alpino en Andorra dentro de unas semanas, al final me decidí por debutar como espectador en el esquí de fondo.
Llegada a mi centro de operaciones
La sede de las pruebas de esquí de fondo está en Tesero, en pleno Val di Fiemme. Cuando preparé el viaje y vi qué posibilidades había de alojarse en el mismo pueblo o en alguno cercano, comprendí que era misión imposible —no había plazas libres y tampoco quiero pensar cuánto hubiera costado—. Así pues, una vez elegido el aeropuerto —aeropuerto de Verona—, simplemente fui buscando el alojamiento más cercano a Tesero al cual se pudiera llegar en transporte público. Al final, Trento fue la ciudad elegida.
Llegar a Trento desde Barcelona es relativamente fácil y barato: avión de Barcelona al aeropuerto de Verona, autobús urbano desde el aeropuerto hasta la estación de trenes de Porta Nova y, finalmente, tren desde allí hasta Trento. En mi caso, además, aún tengo otro pequeño tramo en autobús urbano hasta el hotel.
Vuelo a Verona
El vuelo de Barcelona a Verona apenas dura algo más de una hora. Me ha tocado ventanilla. Cuando llegamos a la costa tirrena, dejo mi libro y me pongo a disfrutar del paisaje. Empiezo a divisar las cumbres algo nevadas de los Apeninos; gracias a los cielos despejados, tengo la oportunidad de verlos como no recuerdo haberlos visto antes. Está empezando a atardecer y la luz comienza a anaranjarse.
Tren de Verona a Trento
No es la primera vez que llego al aeropuerto de Verona, por lo que sé que hay un autobús directo a la estación de trenes de Porta Nova. Tengo suerte y, nada más salir de la terminal, subo al autobús cuando el conductor ya apremia a la gente para que suban rápido, que tiene que irse. En unos veinte minutos llego a la estación. Llego antes de lo previsto y logro pillar un tren que me hará llegar al hotel casi una hora antes de lo calculado.
Poco dura la alegría: algo sucede con un pasajero, y escucho al revisor hablando por teléfono con los carabinieri. Parece ser que el hombre, o bien no tiene billete, o bien se niega a mostrarlo. El caso es que estamos parados en una estación. Finalmente, tras un buen rato parados, continuamos; no sé cómo se ha solucionado el asunto, pero el revisor ahora está hablando tranquilamente con el hombre que ha provocado todo este lío. Lo malo es que, al haber estado parados, ahora vamos parando de vez en cuando para dejar paso a los trenes que sí van en su hora. La ventaja que había conseguido al pillar este tren se desvanece e, incluso, empiezo a pensar que, como haya mucho más retraso, voy a perder el último autobús de Trento al hotel; ya estoy mirando aplicaciones para pillar un taxi.
Autobús al hotel
Ya de noche, y sin mucho margen, llego a Trento a tiempo para pillar el último autobús que me llevará al hotel. Hace días que me informé de cómo se paga el transporte público en Trento y ya tengo en mi móvil la aplicación para comprar el billete del autobús urbano. En el norte de Italia son muy de usar aplicaciones para comprar el billete de autobús urbano y luego, ya en el autobús, validarlo mediante un código QR que hay al lado del conductor; me parece un método muy interesante y, además, en este caso, es algo más barato que comprar el billete en las máquinas.
Finalmente, llego al hotel a la hora esperada desde el principio. No hay restaurantes abiertos cerca del hotel, pero por suerte sí hay alguno que acepta pedidos para entregar en el hotel. Ceno la primera pizza del viaje. Mañana será un buen día.


